SOY PADRASTRO

El rol del padrastro es demasiado complicado de ejercer; el desconocimiento de lo que se debe y no se debe hacer, genera conflictos al interior de tu relación de pareja, conflictos con el padre biológico, y conflictos con los mismos niños.

A lo largo de mi ejercicio profesional, he conocido infinidad de padrastros con un común denominador, pretender ser “padre de su hijastro”, y esto es imposible sobre todo cuando el padre biológico está presente.

Lo vea o no, conviva o no con él, sea un padre responsable o no, el niño lo tiene integrado a su ser, a su corazón, a su identidad, y contra eso nada se puede hacer, únicamente aceptar que como padrastro serás líder, compañía, y modelo para este pequeño, nada más.

Tratando de ofrecer al hijastro un ambiente óptimo para su desarrollo en todas las áreas de su vida, pongo a tu consideración las siguientes recomendaciones.

Puedes llevarte genial con sus hijos.- Ten presente que los hijastros tienen una figura paterna definida, y no podrás suplirla. Lo más a lo que puedes aspirar, es a tener un espacio en su interior, y ahí le den formación a esta “segunda figura paterna”. Para lograrlo es importante pasar tiempo de calidad con el niño, convivir y compartir sus intereses, dejarle saber que estás ahí para apoyarlo en lo que él necesite, y por supuesto lo más importante, dar el mejor trato a su mamá como tu pareja, y nunca criticar a su padre biológico.

La disciplina le corresponde a mamá.- Este aspecto es difícil de aceptar, sobre todo a aquellos hombres que les encanta dar órdenes, corregir, y decir cómo se deben hacer las cosas. La disciplina es asunto exclusivo de los padres del niño no del padrastro; lo formas hacia los buenos hábitos cuando se los modelas, influyes en su vida en la convivencia y en el ejercicio diario de la comunicación con él. Así que respalda a su mamá con ideas, experiencias y demás información sobre el tema de la disciplina, si es que te lo pide.

Se justo en el trato con todos.- En las familias compuestas, en las familias formadas por tus hijos, por los hijos de ambos, y por los hijos de ella, la tendencia a discriminar es muy alta. Por lo menos es lo que reportan en consulta los hijastros, “es que prefiere más a mi medio hermano”; de las peores experiencias que un niño pueda tener en su propia familia, es no sentirse parte importante, o ser tratado de manera injusta. La mayoría de los padrastros al ser cuestionados sobre si discriminan por no ser sus hijos, responden ¡claro que no!, pero en la práctica es otra la historia. Un hijo propio nos “duele” más, lo toleramos más, le permitimos más, lo compensamos más.

 

Psic. Gabriel Bello

Especialista en adolescentes

 

 

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